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Miércoles social

El miércoles fui a La Frontera a tomarme unas chelas. Era el 20 aniversario de la casa azul. Los años pasados habían puesto buenas promociones. Creía que esta vez iban a estar buenas, pero estuvieron bien chafas. Lo único rescatable de ese día fue que regalaban tacos y que las chelas estaban un poco más baratas: 4 por $100.

Habíamos decidido comprar solo una ronda de chelas, para regresar a nuestra clase. Al terminarse las chelas les dije: ¿Y si nos chingamos otras cuatro? ¿Cómo ven? Al fin que aún tenemos 5 minutos. Reímos un rato y nos pusimos de acuerdo para pagar la otra ronda. Uno de mis cuates, el Chemo, se ligó a una muchachona. Estaba bien chistosa, parecía que la había diseñado Botero. Lo bueno es que iba con varias amigas y así ya no nos aburrimos tanto.

Después de un rato, me fui con el Apocalipto, otro de mis cuates, a comprar otra ronda de chelas. En el camino me encontré a una amiga. Me quedé un rato platicando con ella, pues ya tenía algo de tiempo que no la veía. Al terminarme la caguama me preguntó:

— ¿Quieres otra?

— ¿Otra qué?

— Pues otra chela, pendejo

— ¡Chiaa¡ No me pendejees. Nada más porque no me gusta que me rueguen, me la voy a chingar, pero aguántame tantito, ahorita regreso, voy a ver a esos culeros (a mis cuates).

No los veía por ningún lado. Le pregunté por ellos a una de las chavas con las que estábamos platicando, por ellos. Señaló rumbo a una esquina y me dijo:

— Por ahí andan— Cómo los iba a ver, si estaban bien trenzados, faje y faje, con sus respectivas muchachonas. Me acerqué al Apocalipto para cargarle pila por su “súper conquista”, y decirle que iba a estar con mi amiga y que me avisaran cuando se fueran, para irme con ellos. Ya estaba medio pedo y me dijo:

— ¿Y si mejor nos vamos a tu casa y las llevamos?

— ¡No mames! Yo para qué los quiero en mi casa

— No seas ojete ¿Verdad, Chemo?, Que nos preste su casa— El otro solo asintió con el dedo, pues no dejaba de atascarse con la chava con la que estaba.

— Cámara. Vamos a mi casa, pero ahí les toca comprar las demás chelas, ¿eh? Yo no voy a poner ni madres

— ¡Que sí, cabrón!

— Okas. Los veo en la puerta. Voy a despedirme de mi amiga.

Al despedirme, le dije que iríamos a mi casa, a seguir la peda. Le pregunté si quería ir y me dijo que sí. Al llegar, las muchachonas se arrepintieron. Mis cuates las acompañaron. Fui con mi amiga a cenar tacos. Luego la acompañé al metro, para que se fuera y ya me regresé a mi casa a dormir.

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